jueves, 10 de octubre de 2013

El tamaño sí que importa

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Hacía calor en el norte cuando Marcelo Luján me invitó a participar en su evento literario. En el bar "Los diablos azules", muy cerca del metro de Tribunal, reunía allí a un grupo de personas dispuestas a escuchar, a escribir y a leer.

Miércoles. Con una semana atrás muy complicada por tema de trabajo y estudios, con otros dos días intensos por delante en el colegio y con muchas cosas por hacer, llegué allí cansado. Cansado de verdad, y con tres heridas en la boca de la ansiedad que me provoca las cosas que os he dicho arriba. No era mi mejor momento. Pero todo cambió. Cambió, porque ese bar cambia. La magia que tan poca hay la viví ayer.

Éramos unas veinte personas allí. Sentados y tranquilos, éramos unas veinte personas allí. Subí, conté tres ideas de las que me se pasan ahora por la cabeza (y que nunca comparto por las redes por una simple razón: cada vez estoy más harto de leer estupideces en ella y no quiero ser yo el que fomente tal asquerosidad), leí dos relatos míos a los que tengo mucho cariño y el capítulo 0 de "El amargo despertar". Era un bar, pero todos callaban y todos atendían. Estupendo.



Luego dejé una frase: "la última vez que te vi, ya estabas muerta". En veinte minutos solo hubo sonidos para el lápiz y algún que otro comentario. Luego les tocó subir al escenario a leer lo escrito. Lo hicieron Jesús (que me compró el libro: gracias), Marta, Diego (que ganó con un 9), María, Alberto, Luis, Esther, Mario, ¿Doni? (un argentino al que no entendí el apodo), Lucía y José Luis (el mío padre). Hubo de todo, pero me sorprendí del nivel que allí había. Luego Diego subió a por su regalo (unisex y de unos treinta centímetros) y nos despedimos. 

Todas las fotos del evento (que merecen la pena ver) están aquí, a buena calidad. Gracias papá, de nuevo, por el apoyo y el trabajo. Ahora te toca currar de verdad en el pueblo.


Más tarde dormí. Y ahora os dejo esto. "Diablos azules", Marcelo: volveré. Gracias por vuestro apoyo y cercanía.
Os saluda,
Alberto.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Egoísta

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—Hola, soy Alberto y soy un egoísta. Como escritor de ciencia ficción, me gustaría que me dijerais, según vuestros campos, cómo veis el mundo dentro de cincuenta o cien años. Gracias.


Ayer por la tarde fue La noche de los investigadores, una propuesta que, a escala global, acercaba a la ciudadanía la ciencia y la investigación. En Madrid, mi ciudad, se prepararon decenas de actividades, y nosotros nos acercamos al edificio de Telefónica en la Gran Vía, en donde una serie de empresas vendían sus productos y sus avances en una exposición llamada «La ciencia en el salón de tu casa». Lo mejor, sin duda, fue la charla que se generó en la sala de conferencias. Decenas de investigadores nos presentaban sus avances y trabajos en nanotecnología, gestión de residuos, alimentación, hardware, materiales, software, etc...




Al finalizar hubo una rueda de preguntas, en la que participé con la que ya leísteis arriba. Hubo dos respuestas. La primera, de un tío simpático de unos cincuenta años, fue bastante elocuente. Mira, me dijo, siempre he sido un lector de ciencia ficción y, ¿sabes? Nosotros siempre hemos estado por delante. Fíjate en un detalle, hasta hace quince años ninguno de vosotros había hablado de que el ser humano iba a llevar un ordenador en su bolsillo. El segundo, más joven e incluso más simpático, me explicó que los grandes descubrimientos no fueron las redes o la automatización, sino la electricidad o el transporte dos siglos antes. Piensa este chico que la tecnología sufrirá un estancamiento cualitativo en el próximo siglo debido a muchos factores. Él no cree que el mundo fuera a cambiar mucho en el siglo XXI.

Por cierto, muy cerquita estaba la FNAC de Callao, y allí ya están nuestros libros para la charla del domingo. Recordar: FNAC de Callao el domingo a las 17:30. No será una presentación al uso, os lo aseguro: participaréis.



Os saluda con un video de Manowar. Hoy estoy On Fire.
Alberto.




domingo, 15 de septiembre de 2013

Noches de Rock and Roll y nuevos eventos

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Acaba de empezar el curso y uno anda ya agotado. Pero los sábados, estos benditos, son sagrados. Y este último venía bien cargado.

Todo empezó en una cola. Firmaba en la FNAC de Callao uno de mis grupos favoritos: Warcry. Conocí a su germen, si mal no recuerdo, cuando tocaban dos de sus miembros en Avalanch. Fue en la sala Caracol, cuando presentaban "Llanto de un héroe". En 1999, ni más ni menos, cuando aún en Madrid podías entrar en una sala con catorce o dieciséis años. Y sigo viéndoles en concierto, ahora con Warcry, comprando sus discos, escuchándoles en casa, en el coche... En fin, que me emociono. Mi objetivo esta tarde era darles la enhorabuena por "Inmortal", su excelente último trabajo, que me firmaran una foto que tenía de ellos del 2002 y entregarle a Víctor García (su compositor y cantante) un ejemplar de "El amargo despertar". Si ya lo han leído (y les ha gustado) a mis dos referencias literarias: José Carlos Somoza y Julio Llamazares; ¿por qué no a una musical? Ojalá lo termine y os cuente por aquí lo que dice de ella. Paso a paso.




Luego nos fuimos corriendo a la nueva tienda que GeneraciónX ha montado en Vallecas. En estas palabras su web. Lástima que esté en la otra punta de mi barrio, pero desde ya espero que sea punto de referencia de la cultura alternativa de la zona. Fui a ver a Alfonso Zamora Llorente, mi extraño alter-ego, que publicó en Dolmen su "De Madrid al Zielo" a la par que mi despertar. Y que habla del apocalipsis (pero con zombies). Y también en mi barrio. Amigo accesible y cercano, es difícil que alguien hable mal de él. Lástima que no haya hecho ninguna foto de la tienda, pero pronto iré de nuevo allí y la veré con algún ejemplar de mi novela.

Por último, de vuelta a nuestra Villa, nos acercamos a las fiestas, a nuestras fiestas. Cena en Kontracorriente y luego Los Porretas en directo. Buen rollo. Por cierto, acabo de ver que la genial Anabel Botella acaba hablar de mí en su web. Todo un lujo.




En otro orden de cosas, podéis ver que el blog ha cambiado ligeramente el diseño, con un apartado de las entradas más populares y también con otro de los próximos eventos. Os copio esto último por aquí:

Domingo 29 de septiembre 17:00 FNAC Callao
Madrid Escribe (junto a Lidia Herbada, Karol Scandiu, Laura L.Alfranca, Helena Ramírez y Víctor Valenzuela)

Miércoles 9 de octubre 21:00 BarDiablos Azules
C/ Apodaca, 6, Tribunal
"El tamaño sí que importa", coordinado por Marcelo Luján y Carlos Salem

¿¿14-16 noviembre??

¿¿14-15 diciembre??

Y una foto. Os saluda,
Alberto (González, por cierto, errata en el libreto de la FNAC).



P.D. Tatami, de Alberto Olmos, novelón.




viernes, 30 de agosto de 2013

Un bellenuit y una despedida

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Hoy no es un buen día. Después de 77 reseñas literarias y 37 de videojuegos, ha llegado la hora de decir adiós a una página que ha sido más que eso para mí: ha sido trabajo, amistad, esfuerzo e ilusión. Me voy estando orgulloso de mi estancia allí y deseando cada éxito de la web, que la tendrán bien merecida y que tomaré, un poco, como mía. Imaginarios, por otra parte, parece que ha dejado de existir, aunque aún espero con impaciencia su último número. También deseo éxito a su gente.
Ahora dejo por aquí la reseña, la opinión, de uno de los últimos libros que he leído. Ojalá os llame la atención.
Os saluda,
Alberto.

CRÍTICA DE BELLENUIT 2: LA OCTAVA PUNTA DE LA ESTRELLA, DE JUANJO DE GOYA

Tras una notable primera parte, Juanjo de Goya nos ofrece ahora un mundo fantástico lleno de intriga, fantasía y mucha, mucha magia


Bellenuit es como un buen disco conceptual. A la primera te sorprende, pero sabes que lo que estás leyendo, lo que estás escuchando, va mucho más allá. Así, al menos, me he sentido yo al acabar con su segunda parte (a mi modo de ver, algo más interesante que la primera ―ya comentada en fantasymundo―, lo cual es un logro).  Quizás muchos hayáis oído hablar en su momento de esta trilogía, con la puesta en marcha de “El corazón del tiempo”, primera parte de la saga. Quizás os suene la historia de aquella chica que ve cómo se detiene el tiempo. ¿No es impactante el ver cómo todo se para a tu alrededor? Tal inicio es prometedor de por sí, y en la primera parte Juanjo nos explica el porqué de tal evento. Ahora empezamos a ver las consecuencias.
            Juanjo de Goya y yo tenemos muchas cosas en común. Para los más avispados la primera coincidencia: publicamos en la misma editorial. Pero aparte de tal cosa, ambos somos leoneses (bueno, yo lo soy casi. O no lo soy. O si. Leonés, que carajo, desde guaje). Y Juanjo es descendiente de Francisco de Goya. Y yo… bueno, yo soy descendiente de Velarde, uno de los héroes de la guerra de la Independencia Española. Y vaya, ambos personajes históricos están bastante relacionados. Así que... sí que tenemos cosas en común, sí.
            Resumí en su momento “El corazón del tiempo” como una vuelta de tuerca al “Momo” de Michael Ende (libro que me confesó el autor que no había leído). Para seguir con los símiles y ayudar al lector, “La octava punta de la estrella” tiene dos referentes claros para mí (si me equivoco como la otra vez, que me perdone el autor). Uno es Harry Potter y el otro el Final Fantasy VIII. ¿Cómo os quedáis?
            Veréis, esta segunda parte es toda una novela de iniciación, y con lo me gustan a mí las novelas de iniciación, pues ya me tenía bien ganando Juanjo. Hay un gran cambio de un libro a otro y la protagonista, Alejandra, debe amoldarse a este cambio. Y por eso tiene ese toque tan bueno de Harry Potter, una gran novela de iniciación año tras año, por otra parte. Y a Final Fantasy VIII me recordó por el escenario: la escuela por la que debe pasar Alejandra, en mi mente, era calcada a la “Universidad” que vemos las primeras horas del juego de Square. Y si digo que es mi entrega favorita de la saga, pues más ganado. Y otro puntos, y otro…
            Por otra parte, en el sentido literario del adjetivo, “La octava punta de la estrella” es mejor que su predecesora. Juanjo demuestra un control muy efectivo de nuestra lengua. El ritmo no aparece y desaparece, los personajes van y vienen siempre con intensidad. Sin problemas en este campo. ¿Que tiene fallos? Yo veo uno, aunque es muy personal. Entre la primera y la segunda parte de esta saga, en más o menos un año, yo he leído, según mi biblioteca, 68 libros. Y me costó entrar un poco en la novela, ya que apenas recordaba de la primera parte los puntos principales, y algún personaje que otro, pero los menos. Y ni en el libro ni en Internet encontré un “resumen avanzado de la primera parte”. Y me perdí un poco. Se lo dije al autor antes de publicarla, y él no lo vio necesario, aunque me dijo que sí que lo piensa hacer en la tercera parte. ¡Trata bien a los que tenemos poca memoria, Juanjo!

            “La octava punta de la estrella”, concluyo, es una sobresaliente continuación. Si te gustó la primera, ten pon seguro que esta te gustará más. Pero lo mejor de todo es que debería de ser un buen impulso para los que no se atrevieron con la primera parte. No lo olvidéis. Nos vemos, quizás me vaya a saltar a algún sitio.


lunes, 12 de agosto de 2013

Llamazares vuelve a Sabero

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Llamazares vuelve a Sabero. Como él dice, el tiempo pasa y todo se repite. Llamazares en Sabero. Llamazares es Julio, el autor de “La lluvia amarilla” o “Luna de Lobos”, mi autor favorito, de lejos. Sabero es un viejo pueblo minero de la montaña leonesa. El pueblo que hay al lado del mío. Es difícil que no te guste si te animas a visitarlo. Vuelve, de nuevo, vuelve, a la Ferrería, un lugar reconvertido a museo siderúrgico y cuidado al máximo. Lugar donde yo, de pequeño, jugaba al baloncesto. Lugar donde mis antepasados trabajaban para dar de comer a los míos. Lugar, lugar. Presentaba “Las lágrimas de San Lorenzo”, su última novela. Su excelente última novela.
Antes de empezar, los más impacientes nos agolpábamos a la puerta de la Ferrería y charlábamos. Charlé con Llamas, un poeta de la zona, un ser extraordinario. Dijo de mi novela, viéndola con interés que, carai, estaba bien editada. Luego hablé con Llamazares y acordamos vernos de nuevo allí, presentándome él a mí esta vez en Navidad, si estuviera por allí. Si eso ocurre me puedo morir tranquilo. Me presentaba a un amigo suyo diciendo: “Éste también es escritor. Escribe bien, la novela es buena. Pero escribe bien, ¿eh?”. Yo, algo apartado, me quedaba sin palabras y casi sin aliento. Sé que “El amargo despertar” no ha gustado a todo el mundo, pero si a él le ha llamado la atención me quedo tranquilo. Pecando de orgulloso digo: por algo será, ¿no?



Cuando todos callan y se empieza a oír el micro, la sala estaba llena, con gente de pie. Llena no de cincuenta personas, llena de más de doscientas. Un logro teniendo en cuenta que esto no es Madrid. Es el lugar en donde quién busca soledad la encuentra. Soledad y cobijo. Es Roberto, el gerente del museo, el que empieza a hablar. Nos agradece y califica la reunión con palabras y adjetivos mayúsculos, literarios. Buen comienzo. Tras eso habla David Rubio, también novelista y sobrino de Llamazares. Habla tranquilo, como si te conociera de toda la vida. Habla de “Escenas de Cine Mudo”, la novela que transcurre en Sabero, su lugar familiar por excelencia. Luego de “La lluvia amarilla” que, 25 años después de salir (además con una edición especial con DVD incluido) se sigue comprando, leyendo y robando. Sobre ella dice una gran verdad: “En algunos pueblos hay más militantes que habitantes”. La patria ahora es dónde sueñas en invierno y pasas el verano. Al menos esa es mi patria, sí. Dice de la novela ayer presentada que es “una lección de vida”. Tras el sobrino habla Llamas, que se ha preparado todo un discurso y dice que solo va a hablar de poesía, porque “Las lágrimas…” es eso en gran parte: poesía. Ahora comento algunas frases que dice. Y dice de ella que hay de todo y mucha vida. Julio habla siempre de todos nosotros y recomienda hacer una segunda lectura, que el libro es desesperado. Que literatura y gente es lo mismo. Luego lee retazos de la novela y de poemas robados que en ella se incluyen: “Como la generación de las hojas, así de los hombres”. Habla de que el tiempo nunca retorna y que esa es la razón de la melancolía.



Luego entra Julio, emocionado, agradeciendo. Dice que García Márquez explicó que uno escribe para tener amigos, y viendo la sala no puede tener más razón. La idea principal de la novela es que todo se repite: la vida, las estrellas, las estaciones. Luego comenta un chascarrillo con David, su sobrino. Le pilló un día en su adolescencia haciendo un trabajo para el instituto. Tenía que hablar del autor de “Luna de Lobos” tras leer esa novela. Lo hicieron juntos, lo corrigieron juntos, y le pusieron un cinco. Grandioso. Continúa diciendo que una novela es todo menos lo que cuenta. Una novela es el recuerdo, el poso que te queda de ella cuando has olvidado de lo que trata. No puedo estar más de acuerdo. La literatura trata de conmover mediante el lenguaje. Genial. Sobre su última novela dice que trata del paso del tiempo, de su fugacidad. Que siempre, antes de empezar cualquiera de ellas, quiere saber su título y su estructura. También admite que no sabe nada de estrellas y que toda novela es autobiográfica, no por contar la vida del autor, sino porque habla de su alma. Luego lee un capítulo, sin estridencias. Y se acaba, y nos vamos todos a ver las Lágrimas de San Lorenzo al cielo, en otra actividad del museo. Pero esa es otra historia. Otra lejana historia, tan histérica como real. ¿Qué somos con respecto a la inmensidad del universo? ¿Qué somos?

 

Decenas de fotos de gran calidad del evento están aquí. Son de José Luis González (www.santaolaja.com)


Os saluda,
Alberto.
 

La letra permanece © 2012

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