viernes, 23 de abril de 2021

Abbigail: El amargo renacer

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Ha pasado un año desde las siete muertes y ahora el tiempo corre con una calavera que empuja cada grano de arena que baja del reloj.

Cuando comencé a escribir esta historia lo tenía claro: a partir de una idea compartida, la de una chica capaz de alterar el tiempo y el espacio, surgió todo un árbol de personajes y vidas compartidas. 

Iba a escribir una aventura, una de esas de traiciones, relaciones y un puntito de magia. Además, quería aprovecharla para explicar lo que ocurrió en El amargo despertar, mi primera novela.

La concluí tras el año de rigor. Abbigail: El amargo renacer es mi novela más larga, ambiciosa y lejana de mi imaginario que he escrito hasta ahora. Aunque, es verdad, la memoria, el olvido y la melancolía han vuelto a guiar a mis palabras.

Os presento un mundo río, un lugar en forma de cruz con familias poderosas y empobrecidas, con religiones y deidades diferentes, con ambiciones casi opuestas que llenan de conflicto casi cada página. Espero que os guste, que os atrape, y que compartáis la lectura conmigo, con vuestra gente, con Amazon o con Goodreads.

Os dejo la sinopsis: 


Abbigail lleva encerrada centenas de vidas en una cueva al norte del Norte. Solo recuerda la oscuridad y a Yasuo, su protector. Un día alguien llega hasta ella, ve que tiene un reloj en su antebrazo, sonríe y muere, dejando su celda abierta. Su nueva vida es el detonador para que el mundo con forma de cruz latina en el que vive cambie por completo.

Vivirás las filias y las fobias de un mundo en decadencia en el que las personas no envejecen. Recorrerás un Norte tecnócrata gobernado por la única persona capaz de engendrar. Un Sur desértico llevado por una familia de locos. Un Este dominado por un ser que ha convencido a millones de que no se muevan. Un Oeste en el que viven jóvenes que odian y esclavizan a los ancianos.

Abbigail: El amargo renacer narra la otra cara del mundo que describí en El amargo despertar. Dividido en ocho secciones, dos por cada punto cardinal, leerás cómo el ser humano se enfrenta al miedo, a la esperanza, al amor, al frío y al calor, al hambre, a la codicia o a la muerte, perdiendo en el camino parte de su identidad.


En otro orden de cosas, quizás os hayáis dado cuenta de que he desaparecido de la red. Borré voluntariamente mis cuentas en las redes sociales, borré también con ello la inmediatez y el contacto con muchos y con muchas cosas. He vuelto a leer leyendo contraportadas. He vuelto a informarme con la radio. He vuelto a usar el teléfono para llamar.

Estoy bien. Os quiero.


Hazte con tu ejemplar

jueves, 28 de mayo de 2020

Siete muertes para un desahucio

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Ha pasado tiempo.

Ha pasado el tiempo y los recuerdos también se han ido actualizando. Nos hacemos menos jóvenes.
Ocurre que tenía una historia en el cajón desde hace tiempo y estas semanas he decidido volver a él.  Retornar al Alberto de hace tres o cuatro años me ha reconfortado y me ha puesto delante de un texto que me ha hecho vibrar como la primera vez. Y perdonad que lo parezca, pero esta última frase no tiene nada que ver con el marketing. Tiene que ver la idea que tengo del arte y, por ende, de la literatura. Es la manera más intensa que tenemos algunos de volver a vivir.
Porque, para mí, la literatura es lo que me hace recordar. Es melancolía. Añoranza.
Porque, para mí, la literatura debe ser entusiasta.
Por eso mis libros son como son, desde el primero hasta el último. Por eso a algunos os gustan y a otros tantos lo contrario. Porque hay muchas maneras de vivir el arte, tan diferentes y tan válidas.

Ha pasado tiempo y os traigo Siete muertes para un desahucio.
¿Que podéis encontraros en él? Mirad:


El protagonista acaba de recibir el último aviso: en unos días embargarán su casa.
 
Acaba de llegarle su último aviso: en unos días embargarán su casa. El protagonista, sin nombre y con dos sombras, decide escribir qué le ha llevado a tal situación. Enumera siete momentos, siete muertes. ¿Cuántas y cuáles serían las tuyas?
La primera, nada más nacer: una meningitis le deja sin audición en un oído.
La segunda, a los veinte, un 11 de marzo del 2004: estación de tren de Vallecas y varias bombas.
La tercera: el Messenger de Windows, dos chicas y varias mentiras.
La cuarta: la muerte de un familiar tras una larga enfermedad.
La quinta: una muerte que no es, un pueblo engañado y él en medio.
La sexta: amenazas, pobreza y navajas.
La séptima: la policía fuera esperando a que abra la puerta de una casa que ya no es suya.
Siete muertes para un desahucio intenta narrar si es posible, y probable, errar en una época en la que todos los sueños podían hacerse realidad.

He vuelto a hacerlo autopublicándome porque por qué no y por otras tantas razones. Otro será el momento para estar en el circuito tradicional, que tan bien me ha tratado y en el que he vivido tanto.
Al menos aquí os puedo poner el precio más bajo que he considerado justo.
Si has comprado el libro, ¡gracias! Si has llegado hasta aquí, ¡gracias! Si me dejas un comentario sincero en Amazon, a tus pies. Eso hará que otros me curioseen. Porque no hay manera mejor, por desgracia.

Volveremos a vernos.

Lo podéis comprar en físico y en digital aquí: Siete muertes para un desahucio.

Os quiero.



jueves, 14 de marzo de 2019

Taller de escritura creativa Monte Holiday

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Me gusta recordar los años de mi infancia con los campamentos a los que iba. Si algún amigo me pregunta sobre el 92, mi cabeza vuela hacia Razbona para, a partir de ahí, tomar una copa de nostalgia con él. No me funciona con los acontecimientos deportivos, el colegio o los dibujos animados. De adulto me ocurre algo similar con los talleres de escritura. Desde que recuerdo, leo. Y desde que leo, quiero escribir. Y, aunque cualquier puede escribir una novela, y muchos o casi todos lo han hecho sin que nadie les enseñara, yo decidí buscar ayuda en los que sabían. Desde bien pronto.

¡Despierta, que llegamos tarde al taller!

Empecé con los talleres de la biblioteca de mi barrio (sí, la misma biblioteca protagonista de El amargo despertar).  Solía presentarme en su recepción a preguntar por ellos. «Espera un poco», «aún no sabemos nada» o «este año no se va a poder hacer» eran las respuestas más comunes ante mi insistencia. Año a año, la incertidumbre ante si se iba a hacer el curso o si iba a llegar a tiempo a por una plaza era lo más parecido en mi vida a los coleccionables de kiosko: el pan de cada septiembre.
Luego, ya más mayor, asistí a los impartidos en la Semana Negra de Gijón. Allí tuve la suerte de que los mejores fueran mis profesores: Susana Vallejo, Marcelo Luján, Laura Muñoz, Juan Ginot, Juan Miguel Aguilera, Rafael Marín o Sergi Viciana. Aprendí, y lo hice tanto que, poco a poco, aparte de asistir a esos talleres, también iba a la Semana a presentar mis propios trabajos. Y también a comer bien y mucho, para qué os voy a engañar.
Ya publicado también volví a los de mi biblioteca preferida, el Fantatrías o a otros por toda nuestra geografía. Recuerdo aún con emoción cómo Julio Llamazares nos habló del paisaje en un pueblo palentino.

Aquí intentaremos dar el curso de adultos. ¿Te gusta?

Pues bien, ahora me toca estar al otro lado. Hay un lugar en la sierra de Madrid en el que han tenido la locura de contar conmigo para asustar a sus clientes y a sus visitantes. Si vais a Burgos o al País Vasco desde Madrid, seguro que la A1 se os ha hecho bastante larga hasta llegar a Somosierra. No muy lejos está Gargantilla de Lozoya, y bien resguardado hay un camping al que os animo a ir si os gusta la sierra, la bicicleta, la astronomía, comer bien o las piscinas con vistas al paraíso.
Aquí y en las imágenes podréis ver más información. Nos leemos.


P.D. En el taller de adultos todos se llevarán un pequeño manual de escritura. Aquí lo tenéis a precio de derribo.

 

La letra permanece © 2012

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