jueves, 14 de marzo de 2019

Taller de escritura creativa Monte Holiday

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Me gusta recordar los años de mi infancia con los campamentos a los que iba. Si algún amigo me pregunta sobre el 92, mi cabeza vuela hacia Razbona para, a partir de ahí, tomar una copa de nostalgia con él. No me funciona con los acontecimientos deportivos, el colegio o los dibujos animados. De adulto me ocurre algo similar con los talleres de escritura. Desde que recuerdo, leo. Y desde que leo, quiero escribir. Y, aunque cualquier puede escribir una novela, y muchos o casi todos lo han hecho sin que nadie les enseñara, yo decidí buscar ayuda en los que sabían. Desde bien pronto.

¡Despierta, que llegamos tarde al taller!

Empecé con los talleres de la biblioteca de mi barrio (sí, la misma biblioteca protagonista de El amargo despertar).  Solía presentarme en su recepción a preguntar por ellos. «Espera un poco», «aún no sabemos nada» o «este año no se va a poder hacer» eran las respuestas más comunes ante mi insistencia. Año a año, la incertidumbre ante si se iba a hacer el curso o si iba a llegar a tiempo a por una plaza era lo más parecido en mi vida a los coleccionables de kiosko: el pan de cada septiembre.
Luego, ya más mayor, asistí a los impartidos en la Semana Negra de Gijón. Allí tuve la suerte de que los mejores fueran mis profesores: Susana Vallejo, Marcelo Luján, Laura Muñoz, Juan Ginot, Juan Miguel Aguilera, Rafael Marín o Sergi Viciana. Aprendí, y lo hice tanto que, poco a poco, aparte de asistir a esos talleres, también iba a la Semana a presentar mis propios trabajos. Y también a comer bien y mucho, para qué os voy a engañar.
Ya publicado también volví a los de mi biblioteca preferida, el Fantatrías o a otros por toda nuestra geografía. Recuerdo aún con emoción cómo Julio Llamazares nos habló del paisaje en un pueblo palentino.

Aquí intentaremos dar el curso de adultos. ¿Te gusta?

Pues bien, ahora me toca estar al otro lado. Hay un lugar en la sierra de Madrid en el que han tenido la locura de contar conmigo para asustar a sus clientes y a sus visitantes. Si vais a Burgos o al País Vasco desde Madrid, seguro que la A1 se os ha hecho bastante larga hasta llegar a Somosierra. No muy lejos está Gargantilla de Lozoya, y bien resguardado hay un camping al que os animo a ir si os gusta la sierra, la bicicleta, la astronomía, comer bien o las piscinas con vistas al paraíso.
Aquí y en las imágenes podréis ver más información. Nos leemos.


P.D. En el taller de adultos todos se llevarán un pequeño manual de escritura. Aquí lo tenéis a precio de derribo.

sábado, 14 de julio de 2018

Vuelve uno de los grandes

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Estamos de enhorabuena. Hoy, un buen puñados de editoriales están apostando por el género, y otro buen puñado de lectores arriesgan sus euros con solo ver su nombre. Cuando esta situación era solo un sueño, hace no muchos años, José Miguel Vilar—Bou había escrito novelas tan notables que lo segundo que suelo hacer cada vez que hablo con un editor es si alguna vez había leído Alarido de Dios, por si tuvieran el valor de reeditarlo. Sería un éxito rotundo hoy en día.
A lo que vamos. José Miguel acaba de escribir lo siguiente en su Facebook:

Hace un año me encontré en el suelo de un centro comercial esta libreta. Alguien la había perdido y estaba por estrenar. Al hojear sus páginas en blanco pensé que sería bonito llenarlas, pero ¿con qué? Yo llevaba mucho tiempo sin escribir y estaba en paz con eso. Pero curiosamente, como si este encuentro casual hubiese abierto algún tipo de espita en mí, a los pocos días me descubrí garabateando unos versos en la primera de esas hojas. O más bien una reflexión, una meditación, no sé. En todo caso algo que se me escapó del cuerpo sin verlo yo venir. A ese le siguió otro, y otro. Yo no era consciente de llevar todo ese caudal acumulado dentro. Sin esfuerzo, sin lucha, a lo largo de un año la libreta se fue llenando hasta la última página de poesía: La forma más pura, esencial de escritura. ¿De dónde salieron estos versos, esas imágenes? Creo que son la sustanciación de las lecturas, vivencias y reflexiones de estos últimos años. La parte visible de un proceso íntimo de búsqueda. Quizá tiene sentido juntarlos en un libro, al que he titulado “Puro ser”. Lo he autopublicado en Amazon al menor precio que el formato digital permite para que esté a disposición de quienes sientan curiosidad por mi trabajo. Aquí los dejo. Por supuesto, se agradece la difusión:

 
Yo solo soy un mandado. Jose, por favor, estate en paz, pero estate en paz escribiéndo(nos).

Sed felices.

viernes, 29 de junio de 2018

Quasar 3, de vuelta a lo imaginario.

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Quasar es ambición de unos pocos, trabajo de unos pocos, ilusión de unos pocos, victoria de unos pocos. Ellos saben quiénes son. Luego algunos privilegiados estamos teniendo la suerte de participar en algo que es, en esencia, suyo. 
A los lectores, posibles y reales, os presento a Ulises. Ulises es el título de la historia que he querido contar, el nombre del protagonista que me ha querido acompañar. Ulises es Ulises porque no puede llamarse de otra manera. He intentado que todo tenga un significado aquí. La idea del relato surge de algo simple: la necesitad de escapar de una ciudad que no quiere que te vayas, que no te va a dejar, que se va a reír de ti cuando lo intentes. 
Mi intención es que cuando escuches la carcajada de su antagonista te preguntes de qué lado estás. Porque no solo somos lo que decimos, nos posicionamos con lo que hacemos. En el relato verás otros ejemplos de huidas: son todos reales. Son palabras reales; lugares y gentes reales.
Hay muchas maneras de vivir.
Piensa qué será de ti si eliges transformarte. Piensa en ese sueño que todo el mundo te quiere hacer olvidar.
Quasar, elevado al cubo.

 

La letra permanece © 2012

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