Han pasado seis meses desde la publicación de "El amargo despertar" en papel. Os los resumo en nombres propios: Nowevolution, Víctor M. Valenzuela, Casa del Libro, José Carlos Somoza, FNAC, Feria del Libro de Valencia, Librería Popular de Albacete, Semana Negra de Gijón, Librería Mazinger Oviedo, Biblioteca Pública de la UVA, Día del Libro, Librería Sanabria, Helena Ramírez, edición casi agotada, contrato segunda novela, Julio Llamazares, Alfonso Zamora Llorente... y lo que se me queda en el tintero. Seis meses de duro trabajo pero de continuas satisfacciones. Y lo que le queda...
Ahora todo da una pequeña vuelta de tuerca. "El amargo despertar" se integra en la red de redes. Lo dejamos volar solo a ver qué recorrido tiene. Aquí os dejo la lista de lugares en los que podréis comprar el libro, a menos de tres euros.
http://www.nowevolution.net/product.php?id_product=98
http://www.amazon.es/El-amargo-despertar-ebook/dp/B00EEBCMOS/ref=sr_1_1_bnp_1_kin?s=books&ie=UTF8&qid=1376124045&sr=1-1&keywords=Amargo+Despertar
http://www.casadellibro.com/ebook-el-amargo-despertar-ebook-ebook/9788494157011/2194370
También en iTunes.
Como dato de interés, tras el primer día en Amazon...
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Ahora comparto megas con mi gran ídolo digital, Fernando Trujillo, otro motivo de orgullo.
Os saluda,
Alberto.
en
12:21
Y no os llevéis a engaño, Gijón es mi segunda ciudad, tras nueve veranos acogiéndome. La Semana Negra tampoco me es indiferente, con tres años asistiendo a su vera universitaria y astillera. Pero esta vez voy con el cartel de autor, tesoro rectangular que estará siempre bien cerca de mí.
Lo primero fue el Tren Negro, de Chamartín a Gijón, en el que dos vagones a decenas de kilómetros por hora se llenaron de charlas, periodistas y artistas. Yo me dedico a escuchar, como casi siempre; además allí soy un completo desconocido. Un completo desconocido que se sintió como en casa desde el primer momento.
Mi presentación fue el primer domingo, a las cinco y cuarto de la tarde, justo quince minutos después de que se abrieran las puertas del recinto. Mi objetivo estaba cumplido: sentarme en una mesa en la que, año tras año, se apoyaban autores que consideraba padres literarios. Qué más podía pedir a esa hora, con un sol de justicia, con la playa llena a escasos cien metros. Qué sorpresa la mía cuando iba viendo cómo la gente se sentaba en esas sillas rojas para quedarse en mi charla hasta el final, aplaudiéndome con espontaneidad al final del acto. Deciros que vendí todos mis ejemplares en apenas veinticuatro horas, y no eran pocos. No eran pocos. Para mí fue un rotundo éxito, además de alegrarme al comprobar que había devuelto a la Semana lo que ella me había dado, moviendo el dinero de la gente a las librerías que me apoyaron. Aquí doy mil gracias a Natalia Calvo, Alejandro Caveda (mis presentadores) y a Jorge, de Mazinger Oviedo, que me trató con simpatía y cercanía en su caseta.
lunes, 15 de julio de 2013
Crónica de un semanero primerizo
2comentarios
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Alberto González
Y no os llevéis a engaño, Gijón es mi segunda ciudad, tras nueve veranos acogiéndome. La Semana Negra tampoco me es indiferente, con tres años asistiendo a su vera universitaria y astillera. Pero esta vez voy con el cartel de autor, tesoro rectangular que estará siempre bien cerca de mí.
Lo primero fue el Tren Negro, de Chamartín a Gijón, en el que dos vagones a decenas de kilómetros por hora se llenaron de charlas, periodistas y artistas. Yo me dedico a escuchar, como casi siempre; además allí soy un completo desconocido. Un completo desconocido que se sintió como en casa desde el primer momento.
Mi presentación fue el primer domingo, a las cinco y cuarto de la tarde, justo quince minutos después de que se abrieran las puertas del recinto. Mi objetivo estaba cumplido: sentarme en una mesa en la que, año tras año, se apoyaban autores que consideraba padres literarios. Qué más podía pedir a esa hora, con un sol de justicia, con la playa llena a escasos cien metros. Qué sorpresa la mía cuando iba viendo cómo la gente se sentaba en esas sillas rojas para quedarse en mi charla hasta el final, aplaudiéndome con espontaneidad al final del acto. Deciros que vendí todos mis ejemplares en apenas veinticuatro horas, y no eran pocos. No eran pocos. Para mí fue un rotundo éxito, además de alegrarme al comprobar que había devuelto a la Semana lo que ella me había dado, moviendo el dinero de la gente a las librerías que me apoyaron. Aquí doy mil gracias a Natalia Calvo, Alejandro Caveda (mis presentadores) y a Jorge, de Mazinger Oviedo, que me trató con simpatía y cercanía en su caseta.
Luego la semana continuó, con fuerza, y disfruté de su taller de escritura (gracias Marcelo, gracias Ernesto), del A Quemarropa, en el que salí nombrado casi en cada número, de las charlas nocturnas en el Don Manuel y, sobre todo, de los autores. Me gasté el metal en Emilio Bueso, José María Merino, Susana Vallejo y Elena Martínez. Y bonitas firmas que me dedicaron los cuatro. Se me ocurren muchas cosas y ninguna, es el primer día sin Semana en Madrid, y aún ganan los sentimientos. Solo quiero dar las gracias a los organizadores, que confiaron en mí. Espero volver año tras año, con o sin novela. Larga vida a la Semana, larga vida a la Literatura.
Os saluda,
Alberto.
(excelentes fotos de José Luis González, www.santaolaja.com)
en
23:15
martes, 2 de julio de 2013
Semana Negra 2013
0comentarios
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Alberto González
Atención, publicidad.
Atención, playa.
Atención, curso.
Atención, amigos.
Atención, tren.
Atención, tú, que estaré en la Semana. En la Semana Negra. En Gijón. Mi Gijón.
Atención, playa.
Atención, curso.
Atención, amigos.
Atención, tren.
Atención, tú, que estaré en la Semana. En la Semana Negra. En Gijón. Mi Gijón.
Alberto González Ortiz
Semana Negra Gijón
Presentará la obra "El amargo despertar"
Domingo 7 a las 17.15 en la carpa A Quemarropa
Se venderá toda la semana en la caseta de Mazinguer Oviedo desde el 5 de julio y firmas el domingo 7 de julio a partir de las 19:00 horas en:
Librería asociada Nowe:
Mazinger Oviedo
Avda de Galicia 42
33005 Oviedo- Asturias
tlf: 984282245
www.mazingeroviedo.com
Os saluda,
Alberto.
(Alberto, el que mañana firmará el contrato de su segunda novela. De su "Una carta, un sueño y adiós". ¿Te imaginas que al dormir te conviertes en otra persona?)
en
10:56
sábado, 29 de junio de 2013
Verano
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Alberto González
Aún me cuesta creerlo, pero parece que ya llegó mi descanso. El descanso por necesidad, como cura a casi todos mis males. El descanso como descubrimiento, como abrazo. El mío será el primer verano con "El amargo despertar", una historia que ya siempre me acompañará, allá a donde vaya. En menos de una semana estaré en Gijón, en su Semana Negra, presentándolo. Todo un lujo para mí. Al igual que hacer lo propio en mi pueblo, en dónde me acompañarán, quizás, amigos y curiosos de la zona minera leonesa y, seguro, su paisaje, el que inspiró tanto a mi primera novela. Será cómo la vuelta al principio. Espero encontrarme con muchos de vosotros en mis viajes.
Os dejo las portadas de los que me acompañarán, a día de hoy, por parte de la Península.
Os dejo las portadas de los que me acompañarán, a día de hoy, por parte de la Península.
¿Qué os parecen? Quizás os pueda dar más novedades mientras las lea. Quién sabe.
Os saluda,
Alberto.
en
10:11
domingo, 26 de mayo de 2013
Son recuerdos
0comentarios
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Alberto González
Algunas veces he hablado de una de mis debilidades, que es el pasado (lejano, cercano e incluso futuro). Por el pasado futuro es por el que vivo, el que me hace disfrutar cada momento, el que me anima a hacer todo lo que tenga que hacer para luego recordarlo con una sonrisa en la cara. Por eso escribí El amargo despertar.
Para el pasado cercano tengo muchas cosas a favor. Las más importantes tienen nombre y apellidos, tienen abrazos y despertares, tienen muchas charlas en las que solo escucho. Las nuevas tecnologías también ayudan a esto. Quizás algunos no se hayan dado cuenta, pero mi manía por tener y acumular fotos o vídeos es solo una manera más de protegerme del olvido, un enemigo que cada vez me gana más terreno (me aterra comprobar como todo el mundo recuerda cosas que yo, simplemente, ya ignoro).
El pasado lejano es el que más me preocupa. Ya son menos las personas que me pueden ayudar. Están mis padres o mi familia, por supuesto, pero poco más (quizás dos locos a los que por desgracia veo muy pocas veces al año). Ayer fue un día muy especial para el Alberto guaje, el chavalín, el que aún sueña con patios de colegio y campamentos. Ayer se celebró el 20º Aniversario de la Asociación Juvenil que mi padre fundó en 1977 y en la que yo estuve muy implicado desde los 6 años hasta los 18. En un bar cercano nos reunimos todos aquellos que fueron y son en la Asociación. Más de 10 años después de mi partida me sentí como en casa, rodeado de recuerdos que se me habían escapado y de muchas personas. Había gente mayor que yo que nunca conocí, había niñas y niños con los que yo trabajé como monitor y que ahora son adolescentes ilusionados, había una serie de personas con las que yo compartí mucho más que una amistad de fin de semana y que siguen sonriendo igual que cuando yo me fui de allí por miedo a no ser capaz de hacerlo. Había más que buenos amigos. Había también canciones olvidadas que canté como cuando tenía 15 años y fotos que nunca había visto. Estaba también la de los abrazos y despertares, mi sol, mi luna y mis estrellas, compartiendo lo que no tenía por qué compartir y que entiende que una relación no es solo vivir el presente y preparar el futuro, sino también disfrutar el pasado, el compartido y el que no.
Aún sigo teniendo conversaciones pendientes con muchas personas y que ayer solo empecé, pero debo dar un gracias enorme a todos los que colaboraron para que la noche de ayer fuera lo que fue. Estoy seguro de que para mi familia y para mí ha sido un paso muy importante para seguir adelante.
Si hoy sigo apostando y defendiendo el asociacionismo es por la gente que vi ayer. Como dijeron bien, es complicado encontrar a personas que anteponen su barrio a todo el resto de cosas superfluas que nos rodean. Es una opción de vida y, por qué no, de fe. La fe que confía, la que ama, la que une, no la fe que ordena, que odia y que separa. Si fuera valiente me iría corriendo para allá a ser de nuevo monitor, pero no lo soy. Si algún día tengo un hijo quizás sea para verle crecer a vuestro amparo.
Por desgracia ahora toca volver al día a día dentro de un sistema educativo rancio, a comprobar por las redes sociales lo inútiles y ególatras que son algunos, a hablar de lo jodido que está el asunto, al agotamiento por enfermedad. Al menos todo lo demás que me rodea es, simplemente, perfecto. Larga vida.
Os saluda,
Alberto.
(Ahora se me escapan unas lágrimas. Puñeteras...)
Para el pasado cercano tengo muchas cosas a favor. Las más importantes tienen nombre y apellidos, tienen abrazos y despertares, tienen muchas charlas en las que solo escucho. Las nuevas tecnologías también ayudan a esto. Quizás algunos no se hayan dado cuenta, pero mi manía por tener y acumular fotos o vídeos es solo una manera más de protegerme del olvido, un enemigo que cada vez me gana más terreno (me aterra comprobar como todo el mundo recuerda cosas que yo, simplemente, ya ignoro).
El pasado lejano es el que más me preocupa. Ya son menos las personas que me pueden ayudar. Están mis padres o mi familia, por supuesto, pero poco más (quizás dos locos a los que por desgracia veo muy pocas veces al año). Ayer fue un día muy especial para el Alberto guaje, el chavalín, el que aún sueña con patios de colegio y campamentos. Ayer se celebró el 20º Aniversario de la Asociación Juvenil que mi padre fundó en 1977 y en la que yo estuve muy implicado desde los 6 años hasta los 18. En un bar cercano nos reunimos todos aquellos que fueron y son en la Asociación. Más de 10 años después de mi partida me sentí como en casa, rodeado de recuerdos que se me habían escapado y de muchas personas. Había gente mayor que yo que nunca conocí, había niñas y niños con los que yo trabajé como monitor y que ahora son adolescentes ilusionados, había una serie de personas con las que yo compartí mucho más que una amistad de fin de semana y que siguen sonriendo igual que cuando yo me fui de allí por miedo a no ser capaz de hacerlo. Había más que buenos amigos. Había también canciones olvidadas que canté como cuando tenía 15 años y fotos que nunca había visto. Estaba también la de los abrazos y despertares, mi sol, mi luna y mis estrellas, compartiendo lo que no tenía por qué compartir y que entiende que una relación no es solo vivir el presente y preparar el futuro, sino también disfrutar el pasado, el compartido y el que no.
Aún sigo teniendo conversaciones pendientes con muchas personas y que ayer solo empecé, pero debo dar un gracias enorme a todos los que colaboraron para que la noche de ayer fuera lo que fue. Estoy seguro de que para mi familia y para mí ha sido un paso muy importante para seguir adelante.
Si hoy sigo apostando y defendiendo el asociacionismo es por la gente que vi ayer. Como dijeron bien, es complicado encontrar a personas que anteponen su barrio a todo el resto de cosas superfluas que nos rodean. Es una opción de vida y, por qué no, de fe. La fe que confía, la que ama, la que une, no la fe que ordena, que odia y que separa. Si fuera valiente me iría corriendo para allá a ser de nuevo monitor, pero no lo soy. Si algún día tengo un hijo quizás sea para verle crecer a vuestro amparo.
Por desgracia ahora toca volver al día a día dentro de un sistema educativo rancio, a comprobar por las redes sociales lo inútiles y ególatras que son algunos, a hablar de lo jodido que está el asunto, al agotamiento por enfermedad. Al menos todo lo demás que me rodea es, simplemente, perfecto. Larga vida.
Os saluda,
Alberto.
(Ahora se me escapan unas lágrimas. Puñeteras...)
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