sábado, 12 de julio de 2014

Semana Negra 2014. Visiones de un repetidor.




Ya son muchos julios en Gijón. Son muchos talleres, y sus profesores. Son muchas tardes, y sus autores. Son muchas casetas, con sus libros. Todo se multiplica, los julios, en Gijón.
El año pasado presenté El amargo despertar en A quemarropa. Y así es la novela: un golpe desde la oscuridad. Este año le tocó el turno a No serás nadie en la carpa de las Bibliotecas. Todo, de nuevo, vuelve a tener sentido. La protagonista: una bibliotecaria. También sus libros, que son consuelo y parte fundamental de la trama.
Empecé la presentación leyendo el final de la novela. Porque es una consecuencia y, como casi siempre, lo importante es el camino. Aquí si queréis oírla, en parte.

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Luego, y antes, lo demás.
Lo demás, que fue el taller con Marcelo Luján, no solo profesor, sino referencia y amigo. Cuatro días en los que aprender que todo es más difícil, y bello, de lo que parece. Que no hace falta decir que Moravia, su última novela, es un decálogo de cómo hacer sentir al lector. En fin, léanlo.
Lo demás, que fueron mis amigos, mis gentes. Porque Gijón es ya casa de uno. Y lo es porque hay individuos en ella que me hacen sentir diferente. Creo que me entendéis.
Lo demás, que fueron las charlas y presentaciones. Asistí a las de Lorenzo Silva, José Carlos Somoza, Jesús Cañadas, Carlos Salem, Vaquerizo y tantos otros que la memoria no alcanza a reconocer, tan de mañana.
Lo demás es ya uno mismo. Es la alegría de ver a ciertos amigos de fuera de aquí viniendo a verme, tan felices en sus proyectos. Es compartir charlas con lectores en la caseta de Mazinger Oviedo, y también con su propietario, Jorge, que es un paisano con las ideas muy claras. Son charlas con escritores amigos, sin saber mucho qué decir porque lo quieres decir todo. Es Alejandro Caveda, mi prólogo ese miércoles. Es la certeza de que, sin literatura, no soy nadie. Es la otra máxima de verse muerto por dentro al comprobar que, quizás, por mucho que me esfuerce, solo llegue a medianía. Son los organizadores, en especial Ángel y Marta, que contestaban cada tontería mía a los pocos segundos.

Es Gijón.

Es una carpa llena, escuchándome, en la que solo conocía a cinco, siendo el resto extras de algo a lo que llamo alegría.


Es Hemingway, que me ha acompañado estos días cuando llegaba la noche.
Es mi familia.
Es esto que estoy escribiendo.

Recuerdos. Que son la base de lo que soy.
No entiendo a los asesinos de la nostalgia. Que sepa que siempre estaré protegiéndola. Es mi trabajo.

Os saluda,
Alberto.



Y, aquí, las fotos de José Luis. Qué decir.
Fotos de la Semana 2014



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