lunes, 15 de julio de 2013

Crónica de un semanero primerizo


Y no os llevéis a engaño, Gijón es mi segunda ciudad, tras nueve veranos acogiéndome. La Semana Negra tampoco me es indiferente, con tres años asistiendo a su vera universitaria y astillera. Pero esta vez voy con el cartel de autor, tesoro rectangular que estará siempre bien cerca de mí.



Lo primero fue el Tren Negro, de Chamartín a Gijón, en el que dos vagones a decenas de kilómetros por hora se llenaron de charlas, periodistas y artistas. Yo me dedico a escuchar, como casi siempre; además allí soy un completo desconocido. Un completo desconocido que se sintió como en casa desde el primer momento.




Mi presentación fue el primer domingo, a las cinco y cuarto de la tarde, justo quince minutos después de que se abrieran las puertas del recinto. Mi objetivo estaba cumplido: sentarme en una mesa en la que, año tras año, se apoyaban autores que consideraba padres literarios. Qué más podía pedir a esa hora, con un sol de justicia, con la playa llena a escasos cien metros. Qué sorpresa la mía cuando iba viendo cómo la gente se sentaba en esas sillas rojas para quedarse en mi charla hasta el final, aplaudiéndome con espontaneidad al final del acto. Deciros que vendí todos mis ejemplares en apenas veinticuatro horas, y no eran pocos. No eran pocos. Para mí fue un rotundo éxito, además de alegrarme al comprobar que había devuelto a la Semana lo que ella me había dado, moviendo el dinero de la gente a las librerías que me apoyaron. Aquí doy mil gracias a Natalia Calvo, Alejandro Caveda (mis presentadores) y a Jorge, de Mazinger Oviedo, que me trató con simpatía y cercanía en su caseta.







Luego la semana continuó, con fuerza, y disfruté de su taller de escritura (gracias Marcelo, gracias Ernesto), del A Quemarropa, en el que salí nombrado casi en cada número, de las charlas nocturnas en el Don Manuel y, sobre todo, de los autores. Me gasté el metal en Emilio Bueso, José María Merino, Susana Vallejo y Elena Martínez. Y bonitas firmas que me dedicaron los cuatro. Se me ocurren muchas cosas y ninguna, es el primer día sin Semana en Madrid, y aún ganan los sentimientos. Solo quiero dar las gracias a los organizadores, que confiaron en mí. Espero volver año tras año, con o sin novela. Larga vida a la Semana, larga vida a la Literatura.
Os saluda,
Alberto.


(excelentes fotos de José Luis González, www.santaolaja.com)











2 comentarios:

cyborg dijo...

Hola...Te compré El amargo despertar en el puesto de Mazinger en la semana negra.Me ha encantado.Me ha arrastrado por sus paginas hasta el final sin posibilidad de escape...Excelente ópera prima.Gracias por los momentazos.

Alberto González dijo...

Leer esto al despertar no es, ni mucho menos, amargo. Gracias por acercarte, hablar conmigo, comprar esta pequeña parte de mí, leerla y comentarla por aquí. Por tantas cosas agradecido...

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