martes, 28 de febrero de 2012

Educar

Soy maestro y me paso la mayor parte de mi vida en conflicto. Que nadie se lleve a engaño: ser profesor de escuela implica ayudar en las disputas de un gran número de personas que aún no saben resolverlas por sí mismas. Así minuto a minuto, cada uno de ellos con dos o tres chavales distintos. Si uno se libra de uno de esos podrás asomarte a otros asuntos también importantes como los contenidos, las reuniones ―con compañeros y con padres―, adaptaciones curriculares, circulares, papeleos o juntas de evaluación. Todo tremendamente extenuante.

Como Murakami en De qué hablo cuando hablo de correr, pretendo equiparar mi hobby (la escritura) y mi trabajo. La mayor diferencia es que al japonés el dinero se lo da su grafía. Escribir también es resolver conflictos, es ordenar lo que por definición es caos. Todo ese proceso es tan sorprendente como absorbente. Si alguna vez has oído hablar de las sorpresas que dan los personajes a sus autores, es cierto. Aunque tu trabajo es llevar tu universo a marcos para ti cómodos, ese cosmos está en continua revolución. Y no solo los personajes: también las situaciones, los diálogos, el entorno o las mismas palabras (díscolas cada segundo de existencia).
Que nadie se lleve a engaño: escribir es un proceso agotador. Y sí: vivo agotado. Y doy gracias.

Os saluda,
Alberto.

2 comentarios:

Helena Ramirez dijo...

Cuanta razón tienes sobre lo que dices respecto al proceso de escribir. Pero por muy agotador que sea, que satisfactorio resulta siempre generalmente ;)

Alberto González dijo...

Tú bien lo sabes, compañera... ¡gracias por comentar y leer!

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